Pregunta fundamental.
Para muchos refundar al país es una cosa difícil y complicada, si no casi imposible. Sobreponen a cualquier consideración el poder que ostentan los políticos y los grupos económicos, su desfachatez, carencia de escrúpulos y la impunidad con la que actúan. Es decir, quienes se muestran incrédulos enlistan con precisión los obstáculos y se olvidan de los enormes recursos que posee la sociedad para quitarse de encima a estas ladillas.
Lo riesgoso de esta postura es su manía por profetizar males peores a los ya vividos, por agregar más piedras al camino –reales o imaginarias— y al final de cuentas por no proponer nada. Puras ganas de asustar con el petate del muerto. Pero, si lo analizamos con atención, lo que ese discurso sugiere es la negociación del cambio con los actuales poderes enquistados. Y aquí salta la contradicción: si la sociedad está harta de todos estos políticos y desea que se vayan todos, ¿para qué negociar con ellos? ¿Te gustaría negociar los cambios profundos que necesita el país con Calderón, Gómez Mont, Nava, Beltrones, Paredes, el “Niño Verde”, Gordillo, Ortega, Ebrard o López Obrador? ¡Exacto! A mi tampoco. Y no es en absoluto una postura antidemocrática, autoritaria o excluyente. No, el asunto es más simple, ellos ya tuvieron la oportunidad y no se les pegó la gana llevarlo a cabo. En todo caso, con ellos es imposible negociar un cambio total, a lo más que podemos aspirar es a negociar el grado de profundidad del cambio, sabiendo de antemano que se opondrán tenazmente a perder sus privilegios. Entonces, ¿para qué perder el tiempo?
Si buena parte de la sociedad llega felizmente a este punto de acuerdo, estaremos prácticamente del otro lado. Significaría que hemos conseguido el primero y el más importante paso hacia la refundación de México; la refundación de nuestra conciencia.
En realidad la transformación profunda del país pasa por la transformación de la mentalidad de la sociedad, de sus integrantes. Se trata de desarmar nuestros hábitos de pensamiento para sustituirlos por un razonamiento crítico nutrido con lo que el científico y divulgador Carl Sagan denominaba escepticismo sano. (lectura recomendada: Sagan, Carl. El Mundo y sus Demonios).
En términos coloquiales un escéptico sano tiene la mente abierta a todas las posibilidades que se le presenten o que pueda precisar, y las evalúa con pensamiento crítico y documentos en la mano. Es decir, no confía ni cree en nada de antemano, somete todo a prueba y comprobación. No supone, busca certezas. No se queda con la duda, pregunta y/o investiga. No se casa nunca ni con sus propias hipótesis. Y lo más importante, el escéptico sano no se queda en el análisis, ofrece respuestas y soluciones. Con este método de pensamiento, los escépticos sanos portan el arma más poderosa para transformar su realidad, y de paso le hacen justicia a su naturaleza humana.
En la segunda parte, ¿Conciencia? ¿Qué es eso?


wow me parece increible como esta escrito esto
gracias d antemano
de verdad kiero ser parte del cambio, y lo intento cada dia, ser mejor, ayudar a las personas, crear conciencias, etc
sigan asi, no se detengan!! kiero una revolucion, pero no una armada xq los que hablan con las armas, no saben pelear con las palabras!
asi q es la mejor opcion proponer